En carne propia: efectos de la meditación en el espacio terapéutico.

En carne propia: efectos de la meditación en el espacio terapéutico.

Haber podido experimentar los efectos de la meditación en mí mismo, me ha proporcionado confianza en cuanto a su valor como herramienta de bienestar y curación. Personalmente me ha ayudado a estar más presente, a aceptarme más y a poder proporcionarme un espacio de mayor acogimiento y amor. En pocas palabras, me ha facilitado  poder estar más a gusto conmigo mismo, sin juzgarme y abriéndome a las situaciones que la vida me pueda presentar.

En mi humilde opinión, esta apertura abre la puerta a la vulnerabilidad y, con ella, al poder y la responsabilidad que representa ser uno mismo.

Del mismo modo que esto tiene un impacto en nuestro interior, también repercute fuera. Como dice el Dr. Chevassut, la intención de acogerse a uno mismo y aceptarse permite ofrecer un espacio de amor en el que nuestros pacientes puedan experimentar lo que representa ser ellos mismos, sin juicios y sin miedos; algo que resulta ser verdaderamente sanador.

Como menciona D. Siegel, esta aproximación a una sintonía intrapersonal más profunda tiene un efecto terapéutico interno en cuanto que potencia la congruencia, es decir, la posibilidad de estar presente con uno tal como se es. Pero este efecto no pasa desapercibido en el exterior sino que estimula el desarrollo de la autenticidad en los otros. En este sentido, en mi práctica clínica he podido comprobar que este estado de presencia ayuda a lograr una mayor sintonía interpersonal con los pacientes (a través de la empatía y la aceptación). En concreto, he podido observar que la práctica de la presencia es una base fundamental para poder ser más humano  y a la vez “competente” profesionalmente. En mi opinión, ayuda a desarrollar las bases rogerianas de congruencia, aceptación incondicional y empatía, tan asumidas en la práctica clínica en general.

Paradójica y afortunadamente, esta Presencia que nos brindamos y brindamos a los demás, esta posibilidad de ser profundamente nosotros mismos, no es algo que nos pertenezca, no es algo de lo que podamos apropiarnos sino, simplemente, algo que ocurre. Algo de lo que, a la vez, somos actores y testigos. Una energía gozosa que podemos experimentar pero no podemos poseer, algo que ocurre en el instante y que, sin pertenecernos, emerge desde lo más profundo de nuestro ser.

Esteban Galliera

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