A propósito de R. Davidson y Healthy Minds

Presentación del programa Healthy minds.

A propósito de la entrada anterior sobre la entrevista a Richard Davidson en “La Contra” del periódico La Vanguardia durante su estada en Barcelona; quisiera compartir con vosotros el privilegio de haber podido colaborar llevando a cabo una meditación durante la presentación del programa “Mentes sanas” (Healthy minds), gracias a la invitación de Estudios Contemplativos para participar en esta actividad.

En breve estará disponible el video del evento para que podáis conocer el programa.

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Entrenar la “bondad fundamental”

La ciencia de la ternura.

Comparto este interesante artículo sobre Richard Davidson, publicado en la sección “La Contra” del periódico La Vanguardia de Barcelona.

Podéis clicar en cualquiera de las imágenes o enlaces para acceder a él.

En mi opinión, esta entrevista a Richard Davidson es particularmente importante porque pone de manifiesto que cualidades humanas como la compasión, la ternura y la amabilidad son imprescindibles para nuestro bienestar y felicidad.

Este científico está haciendo un trabajo maravilloso investigando y poniendo de relieve la importancia de entrenar nuestra bondad, que, aunque muchas veces nos parezca ajena y una utopía, reside y anida en nuestro corazón. Sólo es necesario tomarse el tiempo para contactar con ella.

 

http://www.lavanguardia.com/lacontra/20170327/421220248157/la-base-de-un-cerebro-sano-es-la-bondad-y-se-puede-entrenar.html

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Presentación Asociación Anitya – Presencia despierta –

                                                                                                                    ‘Presencia despierta en los tránsitos vitales, la enfermedad y la muerte’ 

http://anitya.es

Presentación de la asociación, jueves 30 de marzo, 19:30 h en la Fundación Casa del Tíbet de Barcelona

Nuestra misión es desarrollar desde la presencia despierta el acompañamiento a personas que sufren ante importantes cambios y tránsitos vitales. Nuestros valores, fundamentalmente, se asientan al tiempo que se inspiran en la práctica de la meditación.

Anitya es el resultado de un proceso que nos hizo constatar la necesidad de aportar un enfoque que se centre en la noción de transitoriedad y la experiencia de la interdependencia. Se materializa en la creación de una red de apoyo, espacios de encuentro, grupos de trabajo, iniciativas para informar, acompañar, asesorar, formar.

Fundació Casa del Tibet (Roselló, 181, Barcelona)

Entrada libre (se requiere inscripción por mail)

anitya.info@gmail.com

http://anitya.es

Con la colaboración de la Coordinadora Catalana d’Entitats Budistes

 

Anitya

‘Presència desperta en els trànsits vitals, la malaltia i la mort’

Presentació de l’associació, dijous 30 de març, 19:30 hs. a la Fundació Casa del Tibet de Barcelona.

La nostra missió és desenvolupar, des de la presència desperta, l’acompanyament a persones que pateixen davant de canvis i trànsits vitals importants. Els nostres valors s’assenten a l’hora que s’inspiren en la pràctica de la meditació.

Anitya és el resultat d’un procés que ens va fer constatar la necessitat d’aportar un enfocament que se centri en la noció de transitorietat i en l’experiència de la interdependència. Es materialitza en la creació d’una xarxa de suport, espais de trobada, grups de treball, iniciatives per informar, acompanyar, assessorar, formar.

Fundació Casa del Tibet (Roselló, 181, Barcelona)

Entrada lliure (es requereix inscripció per mail)

anitya.info@gmail.com

http://anitya.es

Amb la col.laboració de la Coordinadora Catalana d’Entitats Budistes

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Grupos de Encuentro de Mindfulness Somático.

La práctica del Mindfulness somático se centra en desarrollar la Conciencia Plena a través del cuerpo.

El entrenamiento en Mindfulness se suele reducir al cultivo de la Atención Plena a través de la mente; sin embargo, la inclusión del cuerpo la hace aun más poderosa y beneficiosa para su aplicación cotidiana y clínica.

Hoy en día contamos con pruebas científicas inequívocas acerca de los beneficios que produce en la salud física y mental. La reducción del estrés, el tratamiento de la ansiedad, el aumento de la capacidad de disfrutar de la vida, la mejora del sistema inmunológico, el tratamiento del dolor crónico y la prevención en recaídas en pacientes con depresión, son algunos de ellos.

A nivel terapéutico también resulta una práctica básica para el entrenamiento de terapeutas, ya que promueve la “Presencia consciente” en el entorno clínico, y resulta particularmente importante para quienes apliquen técnicas que utilizan la Atención plena como herramienta terapéutica (terapia Sensoriomotor, Brainspotting, Focusing, Aceptación y compromiso, DBT, etc.).

Podéis participar tanto de los grupos de encuentro como realizar sesiones individuales (presenciales o a través de Skype) para quienes quieran profundizar en su desarrollo personal a través de esta práctica.

Para más información podéis contactar al + 34 633 711 300 o egalliera@yahoo.es con Esteban Galliera, Psicólogo humanista, experto en Mindfulness clínico y psicología del Despertar.

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La cualidad orgánica de la compasión

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Una acción sin compasión es como plantar un árbol muerto, éste nunca crecerá.
Sin embargo, cualquier acción que sea hecha con compasión (es decir, que contenga la intención de aliviar a todos los seres de su sufrimiento), es como plantar un árbol vivo. Éste crecerá interminablemente y nunca morirá.
Incluso si el árbol llegara a morir, siempre dejará como legado sus semillas, las cuales crecerán también como otros árboles. Del mismo modo, la cualidad orgánica de la compasión hace que ésta crezca más y más.

Chögyam Trungpa Rinpoché.

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Anitya (Transitoriedad) y Transformación

transformacionNuestra vida es una constante transformación. Desde el momento en que somos concebidos hasta el tránsito de la muerte, estamos cambiando a cada instante y en cada situación. Sucede que en la mayor parte de nuestra vida cotidiana solemos estar ajenos a este cambio, que se va dando poco a poco, y nos pasa desapercibido sin darnos cuenta de que todo se está moviendo. Tenemos la ilusión y la esperanza de que todo quede igual, de que todo es previsible y que, debido a ello, tenemos todo bajo control. Sin embargo, no hace falta más que miremos un poco a nuestra propia vida para darnos cuenta de que eso no es así. Repentinamente, cuando parece que nada se altera, surge una evidencia clara de que nada estaba tal cual como lo imaginábamos, y que todo estaba cambiando a pesar nuestro. Muchas veces creemos que esto ocurre porque nuestra situación es de cierta comodidad y bienestar, pero por poco que miremos a fondo, nos damos cuenta que también nos sucede en situaciones vitales agobiantes con las que, en cierto modo, nos hemos acostumbrado a convivir.

Cuando maduran estos procesos de cambio, de los que no somos conscientes, es natural que nos sintamos sobrepasados, abrumados por una nueva situación que nos coge por sorpresa y nos hace patente que todo muta de un modo constante.

En esos momentos tenemos dos opciones, o nos resistimos al cambio y nos anestesiamos ante el dolor de asumir lo que nos está pasando, o bien nos disponemos a transitar y a transformar ese dolor como una posibilidad de acercarnos a la vida y al valor sagrado de existir. Ambas opciones son válidas y respetables, corresponde a cada uno optar en libertad cómo desea vivir o, como nos sucede en muchas ocasiones, simplemente afrontar la nueva situación como buenamente podamos hacerlo.

Sin embargo, a pesar de que no haya una buena o mala respuesta, la experiencia humana nos pone de manifiesto que bloquear la aceptación de un proceso de cambio no hace más que desconectarnos de la vida. El hecho de negar el dolor nos separa de nuestra capacidad de amar y de conectar con la vida.

No se trata de arremeter contra aquello que nos sobrecoge, sino de aproximarnos suavemente y con ternura a lo que nos está sucediendo. Quizás nos ayude introducir delicadamente en nuestro corazón la certeza del cambio que acabamos de experimentar y no cerrarnos a él. Todo empieza y termina. No podemos luchar contra ello.

Pero sí que tenemos la capacidad de hacer algo respecto a eso y tratar de transformar el dolor de la pérdida en una mayor capacidad de amar y comprender la existencia. Adentrarnos en la textura de la impermanencia y la incertidumbre puede resultar, al contrario de lo que imaginamos, una experiencia transformadora que nos acerque a la fuente de fortaleza y serenidad que reside en nuestro interior.

Y así, con valentía y humildad, nos disponemos a escucharnos sin juicios ni preconcepciones. Tratamos de mirarnos a los ojos de nuestro interior con la amabilidad y el respeto que implican no negar nuestra experiencia.

Así, poco a poco, vamos redescubriendo ese espacio sereno y amoroso que nos ayuda a sostenernos ante la inmensidad de la vida. Es entonces, cuando nos abrimos a nuestra propia vulnerabilidad; que podemos darnos cuenta que es precisamente de ella de donde emana nuestra fortaleza.

Los tránsitos vitales, no nos resultan fáciles. Aceptar que todo se desmorona nos puede hacer sentir que el suelo que nos sostenía se ha desvanecido y que no nos queda más que caer. Sin embargo, lo que ocurre es que, sencillamente, nos pone de manifiesto que lo único que nos puede sostener es nuestra serenidad interior. No nos caemos más que al abismo de querer controlar la vida.

Es, tal vez, en el contacto con este sentido penetrante de impermanencia que podemos contactar con la vida. Vida y muerte como amigas inseparables. Luz y sombra, como compañeras de viaje desde las que podemos dignificar y honrar nuestra experiencia, nuestra vida y los que participan y han participado de ella (nosotros incluidos).

El propósito de abrirnos al cambio nos es más que tratar de ofrecer un pequeño rayo de luz que contribuya a aportar esperanza al hecho de que es posible contactar con nosotros mismos, con nuestro corazón y nuestra sabiduría interna. Es posible vivir de un modo pleno y con el contentamiento sagrado que implica existir entre los claro oscuros de la vida.

Y en esto no estamos solos. Navegamos juntos en este mar de la existencia. Por eso es importante acompañarnos en el tránsito de llegar a buen puerto. De modo que se hace imperioso “ver” al otro.

Se hace pues necesario poder volver esta mirada interna de ternura y aceptación, hacia los demás, hacia aquellos que nos rodean, con la intención de acompañarnos mutuamente en estos tránsitos que sacuden toda nuestra existencia.

Y esto lo podemos hacer muchas veces sin palabras, desde el silencio interno que es capaz de conectarnos y sintonizarnos con la vida y con los demás. Intentando aportar un espacio abierto, resonante, inclusivo y sereno en el que poder comunicarnos y aceptar que todo es impermanente, que nuestra existencia en este mundo es fugaz y sagrada.

Así, quizás, nuestros hábitos por asirnos a las cosas puedan dar lugar a una apertura cálida de corazón ante la vida y la muerte.

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Liderazgo, fraternidad y compromiso social.

Comparto este bello discurso sobre la importancia de la humildad, la amistad, el compromiso social y la fraternidad.

Fuente: Emmanuel Faber: La lección de liderazgo más emotiva.

http://cincodias.com/cincodias/2016/07/20/sentidos/1469039240_078185.html

 

Sin justicia social no habrá economía
Emmanuel Faber, consejero delegado de Danone

Lo haré lo mejor que pueda, empezaré en francés y terminaré en inglés. Si esperáis un discurso intelectual quedaréis decepcionados. ¿Qué es lo que más me marcó durante los años que pasé aquí, como vosotros, en este campus?

He decidido hablar de alguien que nació 20 años antes, en 1965, en Grenoble. Un joven, que vivió una vida muy plena, con una adolescencia complicada, turbulenta, que dejó los estudios y consiguió un empleo como operario de obras públicas en los Alpes. Trabajaba en invierno en las carreteras. Un día decidió finalizar sus estudios. Tuvo entonces un primer episodio y fue internado en un hospital psiquiátrico, del que salió más tarde. Él amaba la tierra, amaba la agricultura, amaba a los campesinos.

Entonces, decidió ser ingeniero agrónomo. Lo consiguió. Empezó a trabajar. Tuvo entonces un segundo episodio: volvió a ser internado en un hospital psiquiátrico, y nunca pudo volver a trabajar, como lo vais a hacer vosotros en el futuro o como lo hago yo. Se hizo jardinero, tuvo otros pequeños trabajos de inserción, pasó mucho tiempo en la calle, tocando la guitarra. Se hizo amigo de quienes se levantan de madrugada, ya que no podía dormir a consecuencia de su enfermedad.

También se hizo amigo de los basureros, que se levantan a las cuatro de la madrugada, a los que les preparaba café, y de las señoras mayores, a quienes ayudaba a cruzar la calle con el carro para ir al mercado. De vez en cuando dormía con esa gente que ni yo ni vosotros, si hacemos el trabajo al que aspiramos, nos encontramos.

Un día decidió volver al campo. Regresó al pueblo, a los Alpes, con sus amigos agricultores. Por la mañana hacía queso en la lechería. Y las tardes las pasaba durmiendo, a causa de su enfermedad, e iba a hacerlo cerca de una fuente.

Después de cada siesta, ponía su viejo teléfono móvil cerca del manantial, y me llamaba y me dejaba un mensaje en el buzón de voz. Todos los días. Solamente con el sonido del agua. Yo, en ese momento, podía estar negociando con el Gobierno chino, al otro lado del planeta, en mi oficina de Shanghái, en París, Barcelona o en México, o quizá con vosotros, y tenía todos los días esta vocecita, una vez al día, que me recordaba de dónde vengo. Un día, hace cinco años, pocas horas después de despedirme de él porque se iba a la montaña, murió a causa de su enfermedad. Era mi hermano.

Lo que más me marcó durante los tres años que pasé aquí fue esa llamada, que desearía no haber recibido nunca. A las nueve de la noche, aquí, en el Edificio C, en la cuarta planta: “Faber, es para ti”. Y supe que mi hermano había sido ingresado, por primera vez, en el psiquiátrico con el diagnóstico de una esquizofrenia severa. Mi vida cambió. Pocos de vosotros lo sabíais. Tuve que aprender a negociar con alguien que había perdido la razón.

Aprendí a pasar la noche buscándole por las calles, a conocer el mundo de los hospitales psiquiátricos. Aprendí el lenguaje de los locos para poder mantener el diálogo con ellos, y aprendí la belleza del lenguaje. Descubrí también que la normalidad nos atrapa, descubrí la belleza de la capacidad de ser otro. Me abrió a muchas cosas. Gracias a él descubrí la amistad de los sin techo, y de vez en cuando voy a dormir con ellos. Descubrí que se puede vivir con muy poco y ser feliz.

He hecho noche en los barrios pobres de Delhi, Bombay, Nairobi, Yakarta, en Aubervilliers, muy cerca de aquí, en París, y en la jungla de Calais. Y todo esto me ha enseñado una cosa: que a partir de ahora, tras esos decenios de crecimiento, el desafío de la economía, el desafío de la globalización, es la justicia social. Sin justicia social no habrá economía.

Nosotros, los ricos, los privilegiados, podemos levantar muros cada vez más altos, como Arabia Saudí en la frontera con Yemen, Estados Unidos con México, como se está haciendo también alrededor de Europa, pero nada detendrá a quienes tienen necesidad de compartir lo nuestro. No habrá justicia climática sin justicia social.

¿Y por qué os estoy diciendo todo esto? Porque hoy os graduáis. Os enfrentáis al futuro y me gustaría felicitaros a todos. Al mismo tiempo, tenéis en estos momentos un instrumento muy poderoso en vuestras manos. Y la cuestión es: ¿qué vais a hacer con él? Porque os vais a dedicar a las finanzas, al marketing, a la abogacía, a la acción social, al liderazgo de los negocios, pero ¿cómo vais a manejar vuestro liderazgo en esta áreas?

Porque de una cosa estoy seguro después de 25 años de experiencia: se os ha dicho que hay una mano invisible, y no la hay. O quizá hay una, pero os puedo decir que tiene más discapacidad que la que tenía mi hermano. Está rota.

Así que solo están vuestras manos, mis manos, todas nuestras manos para cambiar las cosas, para mejorarlas. Y vosotros tenéis mucho para mejorarlas. Tendréis que superar tres grandes enfermedades, que llegarán, con facilidad, a la posición que vais a adquirir tras vuestra graduación, amigos míos: el poder, el dinero y la gloria.

De la gloria, olvidaos. Es solo una carrera sin fin que no conduce a ninguna parte. Las listas de famosos están para que la gente busque su nombre, pero a nadie le interesan.

En cuanto al dinero: cuando estaba en banca de inversión, conocí a tanta gente, y continúo haciéndolo, que son prisioneros del dinero que ganan. Nunca seáis esclavos del dinero. Sed libres. Sea lo que sea en lo que lo ganéis o lo que hagáis con él. Sed libres.

En cuanto al poder, mirad a vuestro alrededor. Veréis a mucha gente que tiene poder y que no hace nada más que conservar ese poder, asegurarse de tenerlo un día más. El poder solo tiene sentido si vuestro liderazgo es un liderazgo de servicio a los demás, y si encontráis la forma de que sirva a ese propósito. Ese objetivo es el que os hará ser quienes realmente sois. Lo mejor de vosotros no sois vosotros quienes lo conocéis.

Así que tengo una pregunta, que me gustaría dejaros como reflexión a cada uno de vosotros: ¿quién es vuestro hermano? ¿Quién es ese hermano menor, ese hermano menor que vive en cada uno de vosotros, que os conoce mejor que vosotros mismos, que os ama más de lo que os amáis vosotros a vosotros mismos? Es esa vocecita la que os dice que sois más grandes de lo que pensáis que sois. ¿Quiénes son? Ellos os traerán esa voz, esa música interior, esa melodía que es verdaderamente vuestra, una melodía única que cambiará la sinfonía del mundo a vuestro alrededor. Mucho o poco, pero lo hará. El mundo lo necesita y vosotros lo merecéis.

Así que encontrad a vuestro hermano menor, encontrad a vuestra hermana menor, y cuando los encontréis, saludadles de mi parte: somos amigos. Que os vaya bien.

 

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Simplicidad

“Meditation is to rest in Simplicity” Jim Scott

ave en el cielo

A diferencia de lo que solemos imaginar, la simplicidad es una actitud que puede ayudarnos mucho a cultivar la felicidad y el equilibrio.

Sin darnos cuenta, nos pasamos la vida persiguiendo una armonía que siempre se escurre de  nuestras manos. Mantenemos inquebrantablemente la ilusión de que algún día la alcanzaremos.

Sin embargo, por poco que observemos nuestro recorrido con detalle, es posible que nos demos cuenta que esta estrategia no ha resultado muy hábil. Tal vez, nos enfrentemos al hecho de que hemos elaborado un plan que, por mucho que nos cueste admitirlo, no nos ha servido. Esto puede resultar doloroso, pero también nos ofrece la posibilidad de ejercer nuestra responsabilidad sobre la consecución de nuestro bienestar.

Hasta ahora habíamos basado nuestra felicidad en una serie de quimeras complejas, que siempre nos han puesto en evidencia que no eran lo suficientemente importantes como para dejarnos plenamente satisfechos. Y no se trata de restarle valor a toda nuestra experiencia sino, por el contrario, de tomar conciencia de que eso no ha funcionado y trazar un nuevo rumbo.

No podemos depositar nuestra felicidad en el futuro porque la evidencia clara es que nunca se presenta.

Contemplar la posibilidad de buscar en el sitio menos pensado, en el aquí y ahora, podría ser una opción. Una alternativa para liberarnos del sufrimiento que implica el esfuerzo de correr hacia un horizonte que nunca llega. Una encrucijada que nos invita a dejar de invertir toda nuestra energía en algo conocido y que sabemos que, tarde o temprano, nos va a desilusionar.

Quizás se torne oportuno rectificar nuestra meta; volver la mirada al presente, respirar y tratar de ser simplemente lo que somos.  Sin más.

Por si acaso eso que buscamos fuera esté dentro, puede ser pertinente arriesgarse a explorarlo. Tal vez sea una opción que convenga considerar. No sea que eso que se nos escapaba,  haya estado a nuestro alcance todo este tiempo.

Puede que sea la hora de dar espacio a la simplicidad. El momento de darnos la oportunidad para buscar dentro y observar si esa felicidad que tanto anhelamos ya está presente en nosotros y tiene algo que ver con descansar en la sencillez que implica Simplemente Ser.

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Paciencia

Sembrando paciencia.

Una reflexión suscitada a razón de esta cita compartida por gentileza de dorjeduck:

Drop by drop – Buddha
Drop by drop is the water pot filled. Likewise, the wise man, gathering it little by little, fills himself with good.

elefantes paciencia

Muchas veces la necesidad de deshacernos de nuestro sufrimiento nos impele a que, sin siquiera darnos cuenta, afrontemos nuestra vida y nuestros procesos personales con un cierto sentido de intolerancia y negación en relación a lo que nos ocurre. Es ciertamente natural y legítimo anhelar dejar de sufrir y encontrar paz y sosiego en nuestro interior. Es precisamente esta motivación lo que nos permite iniciar nuestra búsqueda, y resulta primordial que aprovechemos este estímulo.

Sin embargo, es posible que este anhelo no se vea plasmado del todo en nuestro proceder. A veces es tan doloroso lo que nos pasa que tenemos la tentación de pasar de puntillas por nuestra existencia. Y esto, como muchos de nosotros ya hemos experimentado, no funciona. Nos guste o no, sólo abrazando aquello que sentimos con bondad y paciencia, es como realmente podemos intercambiar este dolor en serenidad y paz de espíritu.

La práctica de la meditación es un verdadero campo de entrenamiento para cultivar la  virtud de la paciencia. Una cualidad fundamental para transformar el rechazo hacia nuestras vivencias en tolerancia y acogimiento. En otras palabras, una actitud que nos ayuda a  sostener con entereza, sin juicios ni temor, todo aquello que se nos presenta en la vida.

Sentarnos en silencio, escucharnos sinceramente e intimar con nosotros son grandes recursos para aterrizar en el presente de nuestra experiencia. No podemos despegar sin haber, primero, tomado tierra.

Volver a casa,  al cuerpo, a nuestras emociones y familiarizarnos con nuestro ser, es abonar, poco a poco, la tierra del despertar de nuestra bondad fundamental. Paciencia. Paciencia con nosotros, con el prójimo, con la vida…

Todo lo que sembramos, tarde o temprano, dará su fruto.

 

 

 

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La alegría de la decepción.

Va a ser que no – o lo que otros llaman: Tener suerte !

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Muchas veces la necesidad de satisfacción sensorial enmascara el querer huir de un estado de inseguridad e inquietud que nos sobrepasa, que nos sobrecoge y desborda; que nos conecta con la suprema angustia del alma; con el terror de la amenaza de separación y soledad. Un espejismo que nubla el oasis de nuestra verdadera esencia.
Sin embargo, animarnos a encarnar la tristeza de la decepción, puede que nos permita tomar tierra, aterrizar en esa tristeza fundamental que nos pone en contacto con un sentimiento penetrante de fragilidad que nos acerca a la universalidad del sufrimiento.
Y si tenemos la suerte de no perder de vista la desnudez y humildad de sentirnos despojados de nuestra maltrecha exclusividad, podremos suavemente animarnos a mostrarnos tal cual somos… y desplegar la bondad que surge de permanecer en ese espacio incierto en el que se juntan la interconexión y la singularidad.

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