Salud mental y responsabilidad

Asumir la responsabilidad de nuestra salud mental.

Acabo de ver la entrevista “Empastillats” (“Empastillados”, en castellano) realizada por el programa Retrats de la TV3 catalana al psiquiatra, psicólogo, psicoanalista y neurólogo Jorge Tizón; y me ha parecido oportuno compartir unas reflexiones al respecto.

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En mi opinión, lo más  interesante del reportaje (al que podéis acceder en este link: Empastillats) es la visión holística e integradora de la salud mental que plantea el Dr. Tizón. Como se observa en su currículo académico y de trabajo de campo, es una persona formada en materias muy diversas en lo que respecta a este tema, y eso le permite tener una visión científica, clínica y empírica muy amplia. Aporta una visión rompedora acerca de lo que en el ámbito social e incluso médico implica lo que solemos considerar un “trastorno mental”. Coloca al predominante discurso biologicista en una posición en la que ya no es el factor causal principal de los malestares o trastornos mentales. Plantea una visión integral del ser humano y otorga a “la relación” un valor terapéutico y curativo fundamental. Propone un enfoque que aboga por abordar este problema social desde todos los ángulos a nuestro alcance: el contexto social, el entorno familiar, el ambiente, el cuerpo, etc. Todos estos factores ya no se presentan como hechos  aislados independientes, sino como partes integrales del bienestar psicológico. En este sentido, coloca a la “medicación” como una ayuda, un medio más para facilitar la cura. Pero, fundamentalmente, pone de relevancia lo que para mí es el factor curativo por excelencia: “la relación terapéutica”.

La relación de ayuda es un aspecto primordial en nuestras vidas. Tiene que ver con los cuidados primeros  en la vida, pero también con el haber encontrado personas (abuelos, maestros, amigos, mentores, etc.) que han podido significar un apoyo que nos permitiera centrarnos en nosotros mismos y crecer. En ocasiones estas ayudas no son suficientes y debemos recurrir a un profesional que nos acompañe a superar estas dificultades desde un conocimiento más profundo de estas problemáticas.

Pero lo que quiero destacar en este caso es el planteamiento que realiza Tizón en cuanto a que puede haber cierta instrumentalización de estos trastornos con el objeto de generar beneficios.  Provechos que no están en consonancia con el objetivo de “mejorar nuestra salud mental”. Parece ser que se ponen en juego ciertos intereses que están más relacionados con el mercado que con la salud.

Pero todo esto me hace preguntarme, más allá de la estigmatización de estos actores del sistema sanitario: ¿qué es lo que nos aboca a ello sin remedio? ¿qué es lo que nos hace participes de esta uniformización y de este mecanismo que parece ineludible?

Si es sabido, estudios científicos de por medio, que las terapias relacionales son más eficaces y duraderas que mucha de la medicación sintomática que consumimos; ¿por qué se reduce el gasto en los profesionales de la relación de ayuda y se prescriben cada vez más pastillas? ¿por qué se medica a unos niños inquietos, supuestamente “enfermos”, con psicofármacos que tendrán efectos nocivos y que los harán más vulnerables el resto de sus vidas?

El Dr. Tizón no responde a esta pregunta directamente, pero desliza una respuesta que se relaciona con nuestro estilo de vida y nuestra capacidad de adaptarnos y evolucionar. Quizás sea el momento de plantearnos: ¿por qué nos resulta tan difícil adaptarnos a  la llegada de un nuevo ser al seno familiar?, ¿por qué nos cuesta tanto comprometernos con nosotros mismos? o  ¿por qué preferimos tomar pastillas en lugar de adentrarnos en algunas heridas que todavía no hemos podido cerrar?

Tal vez, una de las respuestas podría estar por el lado de la incomodidad. Salir de nuestros hábitos, sacar la nariz más allá de nuestra zona de confort, puede ser fatigoso e incierto. Pero es lo que nos hace crecer y apreciar la vida.

Parece ser que si estamos dispuestos a empoderarnos y responsabilizarnos de nuestras vidas, ya no será necesario identificarnos con el papel de víctimas de un sistema de salud que nos conduce ineludiblemente al dosificador de pastillas. Reconocernos como agentes de nuestras vidas y preguntarnos si queremos realmente ser protagonistas de nuestra vida es lo que nos puede libera de este yugo de las soluciones rápidas y de la obligación de ser algo diferente de lo que somos. En definitiva, responsabilizarnos de nuestra propia “salud física y mental”.

Copyright © 2015 Esteban Andrés Galliera Elizalde.

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