Liderazgo, fraternidad y compromiso social.

Comparto este bello discurso sobre la importancia de la humildad, la amistad, el compromiso social y la fraternidad.

Fuente: Emmanuel Faber: La lección de liderazgo más emotiva.

http://cincodias.com/cincodias/2016/07/20/sentidos/1469039240_078185.html

 

Sin justicia social no habrá economía
Emmanuel Faber, consejero delegado de Danone

Lo haré lo mejor que pueda, empezaré en francés y terminaré en inglés. Si esperáis un discurso intelectual quedaréis decepcionados. ¿Qué es lo que más me marcó durante los años que pasé aquí, como vosotros, en este campus?

He decidido hablar de alguien que nació 20 años antes, en 1965, en Grenoble. Un joven, que vivió una vida muy plena, con una adolescencia complicada, turbulenta, que dejó los estudios y consiguió un empleo como operario de obras públicas en los Alpes. Trabajaba en invierno en las carreteras. Un día decidió finalizar sus estudios. Tuvo entonces un primer episodio y fue internado en un hospital psiquiátrico, del que salió más tarde. Él amaba la tierra, amaba la agricultura, amaba a los campesinos.

Entonces, decidió ser ingeniero agrónomo. Lo consiguió. Empezó a trabajar. Tuvo entonces un segundo episodio: volvió a ser internado en un hospital psiquiátrico, y nunca pudo volver a trabajar, como lo vais a hacer vosotros en el futuro o como lo hago yo. Se hizo jardinero, tuvo otros pequeños trabajos de inserción, pasó mucho tiempo en la calle, tocando la guitarra. Se hizo amigo de quienes se levantan de madrugada, ya que no podía dormir a consecuencia de su enfermedad.

También se hizo amigo de los basureros, que se levantan a las cuatro de la madrugada, a los que les preparaba café, y de las señoras mayores, a quienes ayudaba a cruzar la calle con el carro para ir al mercado. De vez en cuando dormía con esa gente que ni yo ni vosotros, si hacemos el trabajo al que aspiramos, nos encontramos.

Un día decidió volver al campo. Regresó al pueblo, a los Alpes, con sus amigos agricultores. Por la mañana hacía queso en la lechería. Y las tardes las pasaba durmiendo, a causa de su enfermedad, e iba a hacerlo cerca de una fuente.

Después de cada siesta, ponía su viejo teléfono móvil cerca del manantial, y me llamaba y me dejaba un mensaje en el buzón de voz. Todos los días. Solamente con el sonido del agua. Yo, en ese momento, podía estar negociando con el Gobierno chino, al otro lado del planeta, en mi oficina de Shanghái, en París, Barcelona o en México, o quizá con vosotros, y tenía todos los días esta vocecita, una vez al día, que me recordaba de dónde vengo. Un día, hace cinco años, pocas horas después de despedirme de él porque se iba a la montaña, murió a causa de su enfermedad. Era mi hermano.

Lo que más me marcó durante los tres años que pasé aquí fue esa llamada, que desearía no haber recibido nunca. A las nueve de la noche, aquí, en el Edificio C, en la cuarta planta: “Faber, es para ti”. Y supe que mi hermano había sido ingresado, por primera vez, en el psiquiátrico con el diagnóstico de una esquizofrenia severa. Mi vida cambió. Pocos de vosotros lo sabíais. Tuve que aprender a negociar con alguien que había perdido la razón.

Aprendí a pasar la noche buscándole por las calles, a conocer el mundo de los hospitales psiquiátricos. Aprendí el lenguaje de los locos para poder mantener el diálogo con ellos, y aprendí la belleza del lenguaje. Descubrí también que la normalidad nos atrapa, descubrí la belleza de la capacidad de ser otro. Me abrió a muchas cosas. Gracias a él descubrí la amistad de los sin techo, y de vez en cuando voy a dormir con ellos. Descubrí que se puede vivir con muy poco y ser feliz.

He hecho noche en los barrios pobres de Delhi, Bombay, Nairobi, Yakarta, en Aubervilliers, muy cerca de aquí, en París, y en la jungla de Calais. Y todo esto me ha enseñado una cosa: que a partir de ahora, tras esos decenios de crecimiento, el desafío de la economía, el desafío de la globalización, es la justicia social. Sin justicia social no habrá economía.

Nosotros, los ricos, los privilegiados, podemos levantar muros cada vez más altos, como Arabia Saudí en la frontera con Yemen, Estados Unidos con México, como se está haciendo también alrededor de Europa, pero nada detendrá a quienes tienen necesidad de compartir lo nuestro. No habrá justicia climática sin justicia social.

¿Y por qué os estoy diciendo todo esto? Porque hoy os graduáis. Os enfrentáis al futuro y me gustaría felicitaros a todos. Al mismo tiempo, tenéis en estos momentos un instrumento muy poderoso en vuestras manos. Y la cuestión es: ¿qué vais a hacer con él? Porque os vais a dedicar a las finanzas, al marketing, a la abogacía, a la acción social, al liderazgo de los negocios, pero ¿cómo vais a manejar vuestro liderazgo en esta áreas?

Porque de una cosa estoy seguro después de 25 años de experiencia: se os ha dicho que hay una mano invisible, y no la hay. O quizá hay una, pero os puedo decir que tiene más discapacidad que la que tenía mi hermano. Está rota.

Así que solo están vuestras manos, mis manos, todas nuestras manos para cambiar las cosas, para mejorarlas. Y vosotros tenéis mucho para mejorarlas. Tendréis que superar tres grandes enfermedades, que llegarán, con facilidad, a la posición que vais a adquirir tras vuestra graduación, amigos míos: el poder, el dinero y la gloria.

De la gloria, olvidaos. Es solo una carrera sin fin que no conduce a ninguna parte. Las listas de famosos están para que la gente busque su nombre, pero a nadie le interesan.

En cuanto al dinero: cuando estaba en banca de inversión, conocí a tanta gente, y continúo haciéndolo, que son prisioneros del dinero que ganan. Nunca seáis esclavos del dinero. Sed libres. Sea lo que sea en lo que lo ganéis o lo que hagáis con él. Sed libres.

En cuanto al poder, mirad a vuestro alrededor. Veréis a mucha gente que tiene poder y que no hace nada más que conservar ese poder, asegurarse de tenerlo un día más. El poder solo tiene sentido si vuestro liderazgo es un liderazgo de servicio a los demás, y si encontráis la forma de que sirva a ese propósito. Ese objetivo es el que os hará ser quienes realmente sois. Lo mejor de vosotros no sois vosotros quienes lo conocéis.

Así que tengo una pregunta, que me gustaría dejaros como reflexión a cada uno de vosotros: ¿quién es vuestro hermano? ¿Quién es ese hermano menor, ese hermano menor que vive en cada uno de vosotros, que os conoce mejor que vosotros mismos, que os ama más de lo que os amáis vosotros a vosotros mismos? Es esa vocecita la que os dice que sois más grandes de lo que pensáis que sois. ¿Quiénes son? Ellos os traerán esa voz, esa música interior, esa melodía que es verdaderamente vuestra, una melodía única que cambiará la sinfonía del mundo a vuestro alrededor. Mucho o poco, pero lo hará. El mundo lo necesita y vosotros lo merecéis.

Así que encontrad a vuestro hermano menor, encontrad a vuestra hermana menor, y cuando los encontréis, saludadles de mi parte: somos amigos. Que os vaya bien.

 

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